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viernes, 8 de enero de 2016

Aullido, de Allen Ginsberg, tercera parte




El sutra del girasol


Yo caminé por las riberas del muelle de hojalata y bananas y me senté debajo de la enorme sombra de una locomotora del Southern Pacific para mirar la puesta del sol sobre las colinas de la  boletería y gritar.

Jack Kerouac se sentó a mi lado sobre un poste de hierro oxidado, compañero, nosotros teníamos los mismos pensamientos del alma, estábamos desabrigados y melancólicos y con la mirada triste, rodeados por las retorcidas raíces de acero de árboles de las máquinas.

El agua aceitosa sobre el río reflejaba el cielo rojo, el sol se hundía en lo alto de los últimos picos de Frisco, ningún pez en esa corriente, ningún ermitaño en esos montes, simplemente nosotros mismos, con los ojos reumáticos y colgados como los vagabundos viejos sobre las orillas del río, cansados y taimados.

Mira el girasol, dijo él, había una sombra gris muerta contra el cielo, grande como un hombre que está sentado y aburrido  en lo alto de una montaña de aserrín viejo-

-yo me precipité arriba encantado - era mi primer girasol - las memorias de Blake - mis visiones- el Harlem.

y los Infiernos de los ríos orientales, los puentes rechinando como emparedados de Joe Grasoso, carritos de bebés muertos, llantas negras sin pedal olvidadas y sin recapar, el poema de las orillas del río, preservativos y ollas, cuchillos de acero, ninguno inoxidable, sólo la bosta húmeda y los afilados elementos de afeitar que se hunden en el pasado ‑

y el girasol gris en reposo contra el ocaso desierto, crujiente y polvoriento con el tizne y smog y humo de locomotoras antiguas en su ojo ‑

la corola de la nublada espiga puesta hacia abajo y rota como una corona golpeada, las semillas caídas de su cara, una boca con un aire de sol dentro de poco desdentada, los rayos de sol borrados de su cabeza como el seco alambre de una telaraña

las hojas quedaron clavadas como brazos fuera del tallo, gestos desde la raíz del aserrín, rompió pedazos de yeso caídos de las ramitas negras, una mosca muerta en su oreja,


Tú eras esa cosa vieja y golpeada, mi girasol oh mi alma, ¡yo te amaba entonces!

La mugre no era de ningún hombre sino de la muerte y de las locomotoras humanas,

todos los que visten de polvo, el velo de la piel oscurecida de la carretera, ese smog de mejilla, ese párpado de negra miseria, esa mano tiznada o el falo o la protuberancia de algo peor-que-mugre artificial - industrial - moderna - todo eso con que la civilización está manchando tu dorada corona

y esos pensamientos turbios de muerte y los ojos polvorientos y marchitos, y los finales y las raíces mustias, en la hoguera de arena y aserrín, facturas de goma a un dólar, piel de la maquinaria, las tripas y entrañas del auto que llora y tose, las latas vacías y solitarias con sus lenguas oxidadas hacia afuera, qué más puedo mencionar, las humeantes cenizas de algún cigarro de coca, las manijas de una carretilla y los pechos lechosos de loa automóviles; culos deshilachados fuera de las silla y esfínteres de dínamos - todo esto

enredada en nuestra momificada raíz – y vos allí, delante de mí en el crepúsculo, ¡toda tu gloria en tu forma!

¡La belleza perfecta de un girasol! ¡Una existencia perfecta, excelente, amable de girasol! ¡Un dulce ojo natural hacia la nueva luna melancólica, despierta, viva y excitada aferrando en el crepúsculo la sombra del alba, dorada brisa del mes.

¿Cuántas moscas zumbaron a tu alrededor, inocentes de tu mugre, mientras tú maldecías los cielos del ferrocarril y tu alma de flor?

¿Pobre flor muerta? ¿Cuándo olvidaste que eras una flor? ¿Cuándo miraste tu piel y decidiste que eras una vieja locomotora sucia e impotente? ¿El espíritu de una locomotora? ¿El espectro y la sombra de lo que una vez fue una poderosa y loca locomotora americana?

¡Tú nunca fuiste una locomotora, Girasol, tú eras un girasol! ¡Y tú, locomotora, tú eres una locomotora, no me olvides!

Entonces yo icé el esqueleto grueso del girasol y lo clavé a mi lado como un cetro.

y entregué el sermón a mi alma, y al alma de Jack también, y a la de cualquiera que pueda escuchar.

- No estamos fuera de nuestra piel de mugre, no estamos fuera de nuestra locomotora sin imagen, temible, desértica, polvorienta, somos todos girasoles hermosos y dorados en nuestro interior, estamos benditos por nuestra propia semilla & por la consumación de los cuerpos desnudos de cabellos dorados creciendo dentro de girasoles locos y formales en el crepúsculo que espiaban la visión sentados sobre nuestros ojos bajo la sombra de la locomotora loca en las orillas del crepúsculo de Frisco en la montaña de latas en la tarde.

Berkeley 1955

Traducción por Gerardo Burton

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